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Paso a Paso Art

Paso a Paso no cerró.
Fue cerrado.

Paso a Paso forzado a cerrar sus puertas.

Esto no fue un cierre administrativo.
Fue una expulsión.

Durante diecisiete años, el proyecto comunitario de danza Paso a Paso, dirigido por Yuli Rodríguez, sostuvo a cientos de niños, adolescentes y jóvenes en el municipio Plaza de la Revolución, en La Habana.

Un proyecto independiente, sin fines de lucro, construido con trabajo voluntario, esfuerzo familiar y un compromiso cultural real con la infancia y la juventud.

Paso a Paso fue un refugio verdadero.
Un espacio que sacó a niños y adolescentes de la calle, del ocio forzado, de la desmotivación, de la deriva hacia la delincuencia y la mala vida.
Un lugar donde el arte y la cultura ofrecieron disciplina, contención y un propósito de vida.

En 72 horas, ese espacio fue desalojado por orden del gobierno municipal.
Sin proceso transparente.
Sin documentación pública.
Sin alternativa ofrecida.

Lo que durante años funcionó como un espacio de protección, formación y dignidad para la juventud fue reducido al silencio institucional.

Este sitio existe para documentar los hechos, preservar la memoria y denunciar una expulsión que no afecta solo a un proyecto cultural, sino a una comunidad entera y a generaciones de niños que encontraron en el arte una salida.

Imagen de como les fue entregado el local de ensayos hace 17 años.

Local que con esfuerzo transformaron entre padres alumnos y su directora en un salón de clases de baile.

El espacio que ocupó Paso a Paso no fue entregado en condiciones funcionales.Era un almacén abandonado, lleno de basura, muebles oxidados y restos metálicos.

Fueron los propios bailarines, padres y madres quienes limpiaron, repararon y acondicionaron el lugar.
Meses de trabajo voluntario transformaron el abandono en una casa cultural viva.Ese local se convirtió en: salones de ensayo, espacios de clases abiertas,punto de encuentro comunitario.

"No fue un favor que nos dieron", fue una construcción colectiva.

Sobre nosotros:

Paso a Paso fue un proyecto comunitario de formación artística y cultural dirigido por Yuly Rodríguez Verdecia, nacido en el año 2008 en La Habana. Lo que comenzó como una iniciativa local para ofrecer clases de danza a niños de la comunidad, se transformó con los años en un espacio de referencia para la formación, la disciplina y el desarrollo humano de la infancia y la juventud.

Durante diecisiete años, Paso a Paso sostuvo de manera ininterrumpida un trabajo educativo y artístico con niños, adolescentes y jóvenes, muchos de ellos provenientes de contextos vulnerables. Para cientos de familias, este proyecto representó una alternativa real frente a la calle, al ocio forzado, a la desmotivación y a los caminos de exclusión y delincuencia que amenazan a la juventud cuando no existen espacios de contención.

A lo largo de su trayectoria, más de 600 niños y jóvenes pasaron por el proyecto, conformando múltiples generaciones formadas bajo una misma ética de trabajo, disciplina y compromiso colectivo.

Sin dejar nunca de ser un proyecto comunitario y sin fines de lucro, Paso a Paso llegó a formar parte activa de producciones audiovisuales de gran visibilidad, convirtiéndose en el cuerpo de baile de diversos programas de la televisión y participando en videoclips de alcance internacional, entre ellos producciones de Enrique Iglesias, Gente de Zona y presentaciones en concierto del cantautor Álvaro Torres, así como colaboraciones vinculadas al salsero puertorriqueño Luis Enrique.

El proyecto también fue convocado para castings cinematográficos, incluyendo procesos de selección relacionados con producciones internacionales como Rápido y Furioso, además de colaborar en la preparación actoral y corporal de niños y adolescentes para cine, series y otras producciones audiovisuales, aportando formación artística a menores que posteriormente participaron en proyectos cinematográficos.

Paso a Paso fue, además, anfitrión de visitas de representantes de embajadas, delegaciones culturales y personalidades del ámbito artístico y social, interesados en conocer el crecimiento de un proyecto comunitario que, sin recursos estatales sostenidos, lograba resultados visibles en la formación y el desarrollo integral de la niñez y la juventud.

Todo este recorrido se realizó en constante tensión, enfrentando obstáculos, trabas administrativas y oposiciones por parte de las instituciones gubernamentales, que nunca lograron detener el trabajo del proyecto. A pesar de la falta de apoyo real y de las múltiples dificultades impuestas, Paso a Paso continuó creciendo, formando, presentándose y demostrando que una iniciativa nacida desde la comunidad podía alcanzar un impacto cultural, humano y artístico significativo sin renunciar a sus principios.

Más allá de los escenarios, las cámaras y el reconocimiento público, el verdadero valor de Paso a Paso estuvo siempre en su dimensión humana: en cada niño que encontró un rumbo, en cada familia que confió, y en cada joven que descubrió que el arte podía ser una salida, un refugio y una posibilidad real de futuro.

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Cierre forzado y persecución institucional.

Tras la salida de su directora, Yuly Rodríguez Verdecia, del país, el proyecto no fue abandonado. Por el contrario, ella dejó al frente a maestros formados dentro de Paso a Paso, con el objetivo de que los niños no perdieran su espacio, su rutina ni el acompañamiento artístico y humano que el proyecto les ofrecía. La continuidad del trabajo fue una decisión consciente para proteger a la comunidad que dependía de ese lugar.

Sin embargo, la situación cambió de manera repentina. Los maestros fueron citados a una reunión oficial con muy poco tiempo de aviso. La convocatoria no permitió preparación alguna ni la posibilidad de asesoría o defensa. Al presentarse, se les comunicó que el proyecto debía desalojar el local en un plazo de 72 horas.

No se presentó documentación formal.
No se mostraron denuncias.
No se ofrecieron pruebas.

Las razones expuestas fueron vagas y contradictorias, incluyendo supuestas quejas y acusaciones graves que nunca fueron respaldadas con elementos verificables. Tampoco se ofreció una alternativa para la reubicación del proyecto, ni una vía para garantizar que los niños y adolescentes pudieran continuar sus actividades en otro espacio.

La orden fue clara: abandonar el local.

En apenas tres días, maestros y familias tuvieron que retirar vestuarios, espejos, materiales de trabajo y todo aquello que había sido construido durante años con esfuerzo comunitario. No se trató solo de un desalojo físico, sino de la interrupción forzada de un proceso educativo y humano que sostenía a decenas de niños fuera de la calle y dentro del arte.

Hasta el día de hoy, no ha existido un pronunciamiento público claro que explique las razones reales de esta decisión, ni se ha informado el destino del inmueble, ni se ha ofrecido una solución para la continuidad del proyecto. El silencio institucional ha sido absoluto.

Lo que ocurrió con Paso a Paso no fue un cierre dialogado ni una reorganización administrativa. Fue una expulsión forzada, ejecutada sin transparencia y sin considerar el impacto directo sobre la infancia, la juventud y las familias que encontraban en ese espacio un refugio, una disciplina y un propósito de vida.

Voces, testimonios y memoria viva.

Cuando el poder intenta borrar, la verdad permanece.

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